UN CUENTO DE OTOÑO

Desde muy lejos la vi, sentada en la playa con la mirada perdida en el horizonte y sin quererlo mis pasos me llevaron a ella. Desde la distancia mi corazón podía sentir su tristeza, sus vacíos  y como si fuera un adivino, pensaba que tal vez esa tarde yo podría cambiar su vida para siempre.

Su tez blanca, sus ojos claros, su frente amplia y sus manos delgadas habían vivido las primaveras de la edad mediana pero su alma y su corazón estaban golpeados por fuertes inviernos en los que el frio y la indiferencia habían sido látigo certero.

Me miró como si estuviera esperando mi llegada, me vio sin sorprenderse y me dijo:

–Has tardado en llegar, he visto la gente pasar y han muerto muchas gaviotas en las noches de invierno.

-Cuál  es la causa de tanta tristeza? Pregunté.

-He tenido mi vida llena de todo lo que este mundo puede dar desde sus entrañas; palacios, joyas, placeres mundanos, lujurias y pasiones banales. Pero cada anochecer, cuando mi alma busca el reposo, mi rostro extraña una simple caricia, una mirada tierna, una frase dulce, un beso sincero. Me dijo.

-Y vives en soledad con tanta gente a tu alrededor?

-Mi propia gente motiva la soledad más profunda, mi propia gente me ha llevado por los caminos de la abundancia, de la lujuria, de todo aquello que creemos que nos enriquece y que al final solo deja grandes vacíos y profundas tristezas que terminan arrojándonos en brazos de la desilusión. Estoy sola en medio de la multitud, agregó.

-Y que le pides a la vida ahora que el otoño comienza a llegar y las hojas caen de los árboles que pronto verán sus ramas blanqueadas por la nieve?

Su mirada se volvió nuevamente hacia mí y una lágrima rodaba por su mejilla, mientras el viento jugaba con su cabello me dijo:

-Le pido que me deje conocer el amor, que me deje vivir la ilusión de saber que hay alguien que vive por mí, alguien para quien yo sea un tesoro, alguien que despierte con su mente puesta en mis ojos y en mis esperanzas. Le pido a la vida que no vuelva a vivir la tristeza de los días sin ilusiones, que no sienta en mi corazón la espada de la rutina matando mis sentimientos más profundos. Le pido un amor de verdad, un amor al que yo me pueda entregar y pueda cuidar.

No pude evitar sentir la tristeza de su corazón y la sinceridad de sus palabras y entonces de lo más profundo de mi ser vino la respuesta que no sé si dio paz a su alma pero arrancó una sonrisa de sus hermosos labios.

-Ya has ganado algo,  ya sabes qué pedir. Ya sabes que las frías paredes de un castillo pueden ser la peor cárcel aunque nos permitan entrar y salir a voluntad, ya sabes que la lujuria solo deja remordimientos y que la banalidad humilla el alma, ya sabes lo que quieres.

Ya sabes más de lo que muchos en la tierra quisieran saber…. Y ahora que lo sabes y el otoño se acerca, mantén tu mente abierta y tus ojos atentos porque ese amor que pides pasará frente a ti, pero no se sentará a tu lado como yo lo he hecho en este atardecer y si lo dejas ir sin conocerlo, habrás perdido la última oportunidad de tu vida, porque las aguas te dirán, cuando te mires en ellas, que el invierno se acerca y que el tiempo no perdona.

Comparte esta noticia

Protegido: AMOR MÌO

Siguiente Noticia »

Protegido: UN CAPITULO DE AMOR: EL ENCUENTRO!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

NOTICIAS RECIENTES

Buscar más artículos

Más