LA POLÍTICA COLOMBIANA: NI DE IZQUERDA, NI DE CENTRO, NI DE DERECHA

Alcides Tobón

Por Alcides Tobón Echeverri

Abogado, licenciado en historia, catedrático, mejor alcalde incluyente de colombia 2011, premio nacional de alta gerencia 2010

A diferencia de lo que se puede observar en otros países latinoamericanos en los que el debate político ha estado atravesado por marcadas diferencias ideológicas y en donde resulta posible distinguir las fronteras que delimitan los fundamentos de los partidos políticos (Chile a modo de ejemplo), en el caso colombiano se complejiza realizar esa misma tarea.

Colombia pasó del bipartidismo (liberal- conservador) del siglo XX, a una apertura de decenas de movimientos políticos auspiciada por la constitución de 1991 que trajo como consecuencia la atomización de los dos referidos partidos tradicionales. El nuevo milenio obligó a introducir nuevas reglas de juego que llevaron a definir umbrales electorales que condujeron a la desaparición de la gran mayoría de los movimientos políticos surgidos en la década de los noventas. Una tendencia que podría estar marcando el retorno hacia el bipartidismo como fuerza mayoritaria, con la supervivencia de unas opciones de izquierda que se mantendrían gracias al terreno ganado en los últimos años, pero que por hoy no les alcanzaría para superar el orden de cosas vigente.

No es el mundo de las ideologías el que gobierna la política colombiana. Un simple estudio empírico a las prácticas políticas lleva a concluir que es el pragmatismo y no la ideología el que define la ruta hacia el poder. De ahí que las alianzas de la más variada gama son las que dominan la arena política cada cuatro años tanto en las elecciones  nacionales como locales. Por ello no resulta extraño ver unidos en procesos electorales a partidos que por definición pudieran ser catalogados como de derecha, centro o izquierda.

En Colombia se usa con frecuencia una frase según la cual la política es dinámica.  Es decir que el “enemigo” u opositor de ayer puede ser el aliado de hoy. Si bien esa práctica puede resultar saludable si se compara con la estela de violencia que dejaron las luchas bipartidistas del pasado siglo, también es cierto que esa mezcla permanente entre una u otra corriente ha pervertido el sistema político y por obvias razones el sistema de partidos. De ahí que sean los mismos partidos los que en forma permanente envían mensajes equívocos a la ciudadanía logrando con ello el gran desprestigio que hoy registran los sondeos realizados a la opinión pública.

La democracia requiere de partidos fuertes, ya lo han expresado los grandes estudiosos de la materia, pero Colombia está lejos de lograr ese prerrequisito. Por ello no es extraño que la ciudadanía hoy preste mayor atención a liderazgos carismáticos o caudillistas que a las voces oficiales de los partidos existentes. Por lo menos en el futuro inmediato no habrá giros hacia la izquierda porque no se vislumbran en el escenario partidos ni liderazgos consolidados que puedan conducir hacia esa ruta. Nadie asume en Colombia el dominio o paternidad de la derecha por los estigmas que carga de la historia. Y  el centro, pareciera ser ese mundo ideal donde dirigentes y partidos tradicionales se pelean por estar, así no tengan clara la delimitación de sus fronteras. Lo cierto es que por alguna razón, ahí quedan bien ubicados todos porque en el pasado han bebido del poder gracias a las alianzas estratégicas que han tejido para conquistarlo y conservarlo. Por eso la política colombiana está lejos de ser de derecha, centro o izquierda. En Colombia se habla de acuerdos programáticos y en ese mundo sin límites cabe de todo.

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