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DESCUBRÍ EL SEXO DESPUÉS DEL DIVORCIO

Por Carolina Ángel Carson

Con respeto y con autorización de una de mis mejores amigas voy a contarles esta historia que me parece que a muchas nos cae como anillo al dedo. Mi amiga Marcela cuyo nombre es real pero por obvias razones omito su apellido, juraba que había encontrado el amor de su vida y que la vida sexual era un lapso de 7 minutos y a veces menos, media hora antes de dormir, tres veces por semana y a veces menos. Pero que sea ella la que les cuente lo que descubrió.

“Cuando estaba atravesando el proceso de divorcio tomé la decisión de no hacer citas o tener sexo con ninguno hasta que fuera oficialmente soltera. Sin juzgar a los que lo hacen diferente, sólo creía que era lo ideal para mí. Necesitaba que esta relación terminara definitivamente antes de involucrarme con alguien más…. cuando terminó mi divorcio me sentí como de 21 años, con  ganas de salir, buscar amigos, bailar sobre las mesas y hacer algo salvaje. Por lo menos hasta donde mi tímida personalidad me lo permitiría.

A mis cuarenta y ….. años pensé que la vida ya me había entregado la porción de sexo que me correspondía. Y fue entonces cuando conocí a ese ser, a esa persona como salida de las páginas del Kama Sutra que con sólo mirarme me cortaba la respiración. Rápidamente comencé a descubrir todas las mentiras de sexo de mi matrimonio y la mala vida intima que tuve durante años, -la luz apagada en el cuarto para que mi regordete ex no se avergonzara de su panza y sus granos en la espalda y más abajo-, el televisor con el volumen alto para que los niños que dormían como marmotas a las 12 de la noche ‘no se dieran cuenta de mis dos gemidos’ muchas veces falsos-, la etapa de calentamiento tipo -Pits de Formula Uno- tres segundos en cada llanta y a la pista- y casi cronométricamente entre 6 y 7 minutos de resuellos, pujas y besos para terminar la carrera y dormir ‘feliz’.

Durante años soporté esa vida sexual llena de conformismo y emociones reprimidas, durante años dije a mis amigas que mi vida sexual era ideal, que mi pareja seguía igual que cuando nos conocimos lo que no sabía es que también durante años mis amigas no me creían. Debo decir que una condición médica que sufría mi pareja se sumaba a los periodos de ausencia, a mis periodos y a los días de dolor de cabeza para que la dosis tampoco fuera la ideal. Las conversaciones sobre sexo no se daban para despertar pasiones sino para discutir reclamos, siempre le exigí que me buscara y que propiciara situaciones intimas pero eso era algo que no tenía en su sangre.

Y confieso que la nueva conquista no es ninguna escultura, ningún Adonis, es un hombre casi de mi misma edad, con una vida normal pero con un gran aprecio por el deporte, las actividades en la playa y sobre todo la improvisación. Fue increíble su honestidad al proponerme nuevos retos, nuevas posiciones, nuevas frases, nuevos lugares y fue increíble descubrir que el sexo no es algo que se hace siempre de la misma manera, a la misma hora, en la misma posición y con los mismos resultados. Pero lo más increíble fue descubrir que podía tener orgasmos, pero verdaderos.

Mis ojos se abrieron a un mundo que no sabía que existía, después de 12 años con el mismo hombre, recuperé la autoestima, la confianza, la felicidad y sentí que podía o no, quedarme con este recién conocido o buscar otro candidato y no tener miedo a una relación sexual en la que no sabría qué hacer. No todo el mundo necesita enganchar una nueva relación sexual después del divorcio pero si es importante tener claro lo que anda mal, lo que la rutina va aplastando y el daño que hace convivir con una persona en medio de la infelicidad sexual. Se había vuelto una obligación hacerlo en la cama, en la penumbra, en silencio y con resignación. Hace poco mientras íbamos a cenar a casa de sus padres para conocerlos, a este desenfrenado amante se le ocurrió parar detrás de un edificio vacío, pasarme a la parte trasera del auto y dejar mi ropa y la de él como si nunca hubiera sido planchada, no sabía que en un carro tan pequeño se pudieran hacer tantas cosas, con la cara sonrojada y con ojos somnolientos llegamos a la cena y cada vez que mirábamos la ropa arrugada brindábamos alimentando la mente con una nueva fantasía inesperada. Ese episodio es el más ‘light’ que puedo contar en público…. Estaba en mi cuarta década de vida sintiendo y viviendo lo que no había imaginado en mis 20’s estaba descubriendo el sexo después del divorcio”.

Quise omitir detalles sobre las faenas y algunas confesiones muy intimas de Marcela pero me quedó claro que la rutina mata lo que el amor despierta y que muchas veces vivimos situaciones de infelicidad que no solo permitimos sino que nosotras mismas creamos. Culpamos a la vida, a los hijos, a la salud, a la sociedad pero no miramos dentro para saber en qué fallamos y cuándo comenzamos a matar nuestra vida sexual y de paso nuestra vida sentimental.

 

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Un comentario

  1. Tatiana Diaz
    08/05/2015

    Pues no todos los casos son iguales pero muchas vivimos engañadas buena parte de la vida. Lo importante es no morir engañadas.

    Responder

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